Paz y bien:
Hace años, caminando junto al mar, pude contemplar cómo una pequeña barca a remos se mantenía a flote. Me pareció que era un bello símbolo de nuestra vida. Así, frágil, pero luchando por mantenerse a flote, y con la posibilidad de avanzar, aunque fuese a fuerza de remos.
Años después, he vuelto al mismo lugar, y he podido comprobar que ya no existe, o ya no está allí esa barca. En su lugar hay otra mejor equipada, con un motor fueraborda. Y se sigue manteniendo a flote, con la posibilidad de avanzar.
Ambas embarcaciones tienen algo en común: su nombre. Aquella de antaño se llamaba Esperanza. La actual, se llama de la misma manera. Todo un símbolo. Mantenerse a flote sobre el mar de la vida, intitulando nuestra vida: esperanza.
La primigenia embarcación ha sido sustituida por una mejor, ha sido por ello renovada.
Así ha de ser también con respecto a la esperanza: ha de renovarse cada día, o al menos cada cierto tiempo.
Ultreya et Suseia.
Buen Camino
Fray Francisco Castro Miramontes
Esperanza
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