Era noche oscura. Caminaba por un sendero casi sin poder ver, tan solo intuir lo que las plantas de los pies iban descubriendo a golpe de pasos. Y allí estaban, como diminutas estrellas suspendidas de un haz de oscuridad, pero no en lo alto, sino al alcance de la mano.
Brillaban con tenue resplandor. La madre naturaleza volvía a sorprenderme. Era como si en aquella noche las flechas amarillas que indican el camino correcto se transformasen en luciérnagas (“vagalumes” en la lengua galaica).
Allí estaban, haciendo lo que saben hacer: emitir luz. ¿Y si también nosotros fuésemos como ellas, generadores y difusores de luz? La Luz brilla más en los momentos de oscuridad.
Sé luz, a dónde quieran llevarte tus pies, irás ofreciendo un resplandor que permitirá ver a otros caminantes de la vida.
Seamos vagalumes.
Ultreia et Suseia.
Buen Camino
Fray Francisco Castro Miramontes
LUCIÉRNAGAS EN EL CAMINO
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