Paz y bien:
He recibido un vídeo que ha grabado un peregrino entrando en el mar de piedra de Compostela, en la plaza abierta sin fronteras, el ágora del mundo entero.
Según el agua viva que es el Peregrino desembocaba en el Obradoiro, la emoción le embargaba, y brotaban las lágrimas de agradecimiento.
Las lágrimas nos humanizan, nos hacen sensibles. Si son de agradecimiento, es una gran noticia, porque él Peregrino habrá aprendido la lección de la humildad.
Y este Peregrino concluía: “creo que soy mejor persona”. 
Benditas lágrimas, bendita emoción!
Ultreia et Suseia. Buen Camino!
Fray Francisco Castro Miramontes
Las lágrimas del peregrino
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