El peregrinar a Santiago de Compostela en la época medieval era una aventura nada comparable con la actualidad.

Robos

Para empezar, los caminos estaban faltos de seguridad hacia las personas peregrinas. Era muy habitual encontrar falsos peregrinos (en realidad bandoleros disfrazados) que al menor descuido no dudaban en robar al caminante. Y si éste oponía resistencia podían acabar  con su vida.

Lenguaje

Otro problema era el de la comunicación con los naturales del país. Si bien los clérigos e ilustrados conocían el latín, el pueblo llano solo hablaba las lenguas romances correspondientes a su reino. No es como ahora, que en inglés todo el mundo se entiende…

“Simonía”

También no era infrecuente la simonía, pues deambulaban falsos sacerdotes. Personajes que a la hora de confesar a los peregrinos imponían fuertes penitencias para redimir sus pecados y, ante la imposibilidad de cumplir la penitencia impuesta, pedían dinero para falsas obras de beneficencia.

Naturaleza y comercio

Por ejemplo, a la hora de cruzar grandes ríos por lugares carentes de puentes, los barqueros “hacían su agosto” subiendo los precios a los peregrinos. También la picaresca no faltaba a la hora de adquirir alimentos. Se cuenta de la existencia de utensilios para medir líquidos y sólidos con doble fondo, así como ventas de productos adulterados o en mal estado que podían quebrar la salud del peregrino. El agua que se bebía en algunos lugares del camino solía producir trastornos en el aparato digestivo, por lo que no faltaban testimonios de ríos y fuentes que alteraban la salud de algunos peregrinos.

Posadas

A la hora de alojarse en posadas las anécdotas de todo tipo son abundantes. Por todo ello, no es de extrañar que, a menudo que pasaba el tiempo, floreciese la creación de hospitales y monasterios en donde se daba paz y hospitalidad a los peregrinos.

La aventura de ser peregrino en el medievo
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