Paz y bien:
Atardecía, hacía frío en un día soleado de otoño.
Salí a caminar en dirección contraria por el Camino de Santiago. 
Me crucé con algunos peregrinos, agotados, les sonreí, y les di la bienvenida.
De regreso, montaña arriba, me emparejé con uno de estos peregrinos. Era un peregrino griego, hijo de una tierra de grandes filósofos. Estaba agotado, traté de tranquilizarle, faltaba muy poco para coronar la montaña.
Una vez arriba, su mirada emocionada contemplaba las montañas del entorno.
Fueron tan solo unos minutos, quizás no volvamos a vernos, pero por mi parte viví el gozo de haber podido compartir esos instantes tan especiales, tan emotivos, para este peregrino, que mañana seguirá avanzando hacia el horizonte: hacia Santiago.
Solo hay una familia: la Humanidad. 
Ultreia et Suseia. Buen Camino!
Fray Francisco Castro Miramontes
El ser humano como familia
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