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La iglesia de Santa Marta alberga el testimonio de la costumbre medieval de las ‘emparedadas’. Eran denominadas de esta manera las mujeres que, por ser pecadoras o arrepentidas de su vida mundana, vivían encerradas en una pequeña habitación. El único contacto con el exterior era a través de una pequeña ventana con verjas. Por allí, los peregrinos que pasaban hacia la catedral les introducían alimentos.
Celda de las emparedadas en Astorga.
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