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Antes de llegar a Logroño vamos a encontrar a nuestra derecha un histórico punto de sellado de la credencial. Es la casa de Felisa, señora que en vida, en los años ochenta y noventa, contó los peregrinos que pasaban para ayudar al párroco y les daba higos, agua y sus horas para escucharlos. Le siguió su hija María y hoy continúa su nieta Felisa.
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