El botafumeiro es uno de los elementos más conocidos por las personas que realizan el Camino de Santiago. Todos los peregrinos sueñan con el éxtasis final en la Catedral de Santiago, con sus rezos y reflexiones, quedándoles para siempre la imagen plástica del butafumeiro en acción. Un espectáculo tradicional que no puede verse todos los días.

¿Qué es?

Es un gran incensario de grandes proporciones, mide 1,6 metros de altura y pesa 62 kilos. A esto hay que sumar los aproximadamente 40 kilos de carbón e incienso cuando se utiliza. Lo más llamativo no es su tamaño sino su uso.

¿Cuándo se usa?

En determinadas misas y tras la comunión, con los sones del Himno del Apóstol y el sonido de los órganos barrocos, el botafumeiro “vuela” por el crucero del templo, atado a una larga cuerda que llega hasta el techo. Por medio de unas poleas se desplaza por el transepto, acercándose a las puertas de Azabachería y Platerías. Alcanza una velocidad de 68 kilómetros por hora describiendo un arco de 65 metros y una altura máxima de 21 con un sorprendente ángulo de 82 grados.

El botafumeiro se puede ver siempre expuesto en el altar de la Catedral, aunque se alterna con una réplica de menor tamaño. Para presenciar su vaivén hay que esperar a determinadas celebraciones litúrgicas a lo largo del año, La Epifanía del Señor (6 de enero), Domingo de Resurrección, La Ascensión del Señor, Pascua de Pentecostés, Aparición de Santiago en Clavijo (23 de mayo), Martirio de Santiago (25 de julio), La Asunción de la Virgen (15 de agosto), Todos los Santos (1de noviembre), Cristo Rey, Inmaculada Concepción (8 de diciembre), Navidad (25 de diciembre), Traslado de los Restos del Apóstol (30 de diciembre), o a quien pague por su uso. En los últimos años se ha hecho un esfuerzo económico para que por lo menos se ponga en acción una vez por semana.

¿Quién lo usa?

Esta oscilación que hace el botafumeiro se realiza gracias a un grupo de personas, los tiraboleiros. Primero empujan el incensario para ponerlo en movimiento y posteriormente cada uno tira de una cuerda para darle el impulso adecuado. La ceremonia concluye en el momento en que el Tiraboleiro Mayor se acerca al botafumeiro cuando ha perdido fuerza y lo agarra de una sola vez para finalizar su movimiento.

¿Cuál es su historia?

La tradición sitúa el origen de su uso en el siglo XI. El butafumeiro aparece ya en el Códice Calixtino, mencionado como Turibulum Magnum, por lo que el ritual data, cuando menos, del s. XII. Su objetivo no era el de dar solemnidad a la liturgia precisamente sino el de perfumar la Catedral para mitigar el mal olor de los sudorosos peregrinos. Cabe recordar que en la Edad Media el templo no cerraba y muchos peregrinos se quedaban velando o durmiendo en su interior. El sistema fue variando con los siglos hasta que en 1604 se instala el actual. Además, se dota de un nuevo botafumeiro de plata gracias a una donación del rey Luis XI de Francia aunque, cosas de la vida, en la invasión francesa siglos después fue robado por las tropas de Napoleón. El actual es de 1851, fabricado en latón.

Qué es el Botafumeiro
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