Conocido en la tradición cristiana como Santiago El Mayor, fue uno de los doce apóstoles que siguió a Jesús. En la Biblia se le nombra como Jacobo, de ahí que al Camino de Santiago se le conozca también como “Ruta Jacobea“. Las narraciones que han llegado a nuestro tiempo sitúan a este judío como responsable de la evangelización de las tierras que hoy corresponderían a España. En su periplo dicen que llegó a la desembocadura del ría Ulla, en Galicia, pero decidió volver a Jerusalén debido al escaso número de seguidores que tuvo. Como dato de interés de este periodo, no podemos olvidar la conocida historia de la venida de la Virgen María a Zaragoza, animando al apóstol.

A su regreso a Palestina, hacia el año 44, Santiago comparte la suerte del resto de los apóstoles de Jesús (exceptuando a San Juan, que no murió mártir), es apresado, torturado y, finalmente, decapitado. La tradición dice que sus discípulos pusieron sus restos en una barca sin tripulación que encontraron en la orilla del mar. En esta embarcación, viajó el sepulcro de mármol con el cuerpo del apóstol en una travesía marítima que llegaría de nuevo al río Ulla y, de ahí, hasta el puerto romano de Iria Flavia, capital de la Galicia de aquel tiempo. En este lugar enterraron su cuerpo en un cementerio en el cercano bosque de Liberum Donum, donde levantaron un altar. Pero debido a las persecución que sufrieron los cristianos en los primeros siglos, el lugar y su existencia quedaron olvidados.

Tuvieron que pasar varios siglos hasta que, a principios del siglo IX, un ermitaño cristiano llamado Paio (Pelayo) le dijo al obispo gallego Teodomiro, de Iria Flavia, que había visto unos resplandores y cánticos junto a un monte deshabitado. Allí estaba la tumba del apóstol. Por este hecho insólito, se llamaría luego al lugar Campus Stellae, o Campo de la Estrella, origen del actual nombre de Compostela. Tras este hallazgo, el rey Alfonso II no tardó en proclamar a Santiago santo patrono de España. En aquel tiempo, en la península, los reinos cristianos vivían bajo la amenaza de la invasión musulmana, y el descubrimiento de la tumba del apóstol insufló ánimos en el pueblo. Los gritos de combate de los soldados comenzaron a invocar a Santiago, y se propagaron leyendas donde el santo intervenía en el último momento de las batallas en favor de los cristianos.

El descubrimiento de la tumba y la fama que fue ganando el apóstol pronto comenzaron a propagarse llegando al resto de la cristiandad y esto propició las peregrinaciones para venerar sus reliquias. Se inició así la historia del Camino de Santiago

Este camino se convierte así en el tercer núcleo de peregrinación medieval, tras Roma y Jerusalén.

Historia y tradición de Santiago y el Camino.
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