La flecha amarilla nos guía. Cuando andamos perdidos, su presencia nos alegra y tranquiliza. En nuestra libertad, podemos seguirla o bien ir por donde nos dé la gana. Pero cuando la vemos cada poco tiempo nos da seguridad y nos lleva por un buen Camino.

Hace dos mil años nació en Belén la gran Flecha Amarilla. Y nos alegramos y nos felicitamos estos días. Por eso, queridos amigos peregrinos, os deseamos a todos una feliz Navidad.
¡Buen Camino!

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